Un corto viaje… algunas realidades.
Así que, aquel iluminado camino, con algunas historias contadas y ciertas verdades, me permitió entender algunas situaciones y palabras dichas en el pasado, aquellas compartidas en las reuniones que nos acompañaban, aquellas adornadas con un cálido tinte hiriente… pero ¿quién era yo para juzgar el sentir de otro ser tan humano como yo?... sabía que mis intenciones no habían sido perniciosas, pero respetaba las emociones que había generado.
Y lamenté las desavenencias. Pero callé. Mi alma no tenía ambiciones tan grandes como aquellas de ser aceptada o entendida. Al final, sabía que no lo vería más. Era el adiós. Y lo vi marcharse con sus creencias, profundamente encadenadas.
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